"El papel pintado amarillo"
Hace unos días me crucé con un reel de Instagram que hacía alusión a «la rabia de las mujeres» y me llamó mucho la atención. Nunca me había planteado la rabia como un elemento compartido. Si he aceptado el amor como algo universal y clasificable, como si todos amásemos de la misma manera, pero nunca apliqué esa lógica a la rabia. Para mí, la rabia era un arrebato: algo que debe ahogarse y acallarse. Quizás porque siempre la he entendido como algo estrictamente personal, visceral e irreprimible. ¿Acaso pienso que lo que brota de forma tan cruda del cuerpo no merece ser escuchado? ¿O es que lo que nace de dentro debe ser apagado en lugar de atendido? En aquel contenido, sin embargo, se hablaba de una rabia de más de la mitad de la población; una emoción compartida, mundial y tridimensional: fenomenológica, histórica/sociopolítica y epistemológica . La validación de la rabia. «Gracias, Instagram: ¡cuantísima sabiduría guardas!». Después de esto, no podía más que empezar a le...





